Hoy vamos a hablar de un tema que nos atraviesa de lleno: la discusión por la Ley de Glaciares y lo que está en juego detrás de la modificación de la ley actual. Porque acá no hay una sola mirada. Por un lado, sabemos que los glaciares son reservas de agua dulce fundamentales. En provincias

Hoy vamos a hablar de un tema que nos atraviesa de lleno: la discusión por la Ley de Glaciares y lo que está en juego detrás de la modificación de la ley actual.
Porque acá no hay una sola mirada. Por un lado, sabemos que los glaciares son reservas de agua dulce fundamentales. En provincias como la nuestra, el agua no sobra, se cuida. Y sin agua no hay producción, no hay alimentos, no hay vida.
Pero también hay otra realidad que no podemos negar: la minería genera trabajo. Y en muchos casos, trabajo que hoy hace falta. Hay familias que viven de esa actividad, hay economías regionales que se mueven alrededor de esos proyectos.
Entonces, el problema no es elegir entre una cosa u otra. No es trabajo o ambiente. Esa es una falsa discusión que nos quieren instalar.
Desde el lugar del trabajo autogestionado, lo que planteamos es otra cosa: ¿por qué siempre se nos pide resignar lo propio? ¿Por qué el desarrollo tiene que venir atado a poner en riesgo nuestros bienes comunes?
Porque nosotros también generamos trabajo. Desde las cooperativas, desde las ferias, desde la producción local. Un trabajo que queda en el territorio, que no se va, que no depende de decisiones tomadas lejos de nuestras comunidades.
La minería puede ser parte de la matriz productiva, sí. Pero con reglas claras, con controles reales y con una prioridad innegociable: el cuidado del agua.
No puede ser que la discusión siempre termine inclinándose hacia los intereses más grandes, mientras las comunidades quedan expuestas.
Entonces, la pregunta de fondo sigue siendo la misma: ¿qué tipo de desarrollo queremos? ¿Uno que deje trabajo pero también daños irreversibles? ¿O uno que piense en el largo plazo, en la vida y en la dignidad de quienes habitamos estos territorios?
No se trata de negar el trabajo minero. Se trata de no aceptar que el precio sea el futuro.
Porque sin trabajo no hay presente… pero sin agua, directamente, no hay nada.














