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La causa Malvinas lleva 200 años

La causa Malvinas lleva 200 años

Mucho antes de la guerra de 1982, mucho antes de que Malvinas volviera a sangrar en la memoria argentina, ya había un hombre del pueblo que se plantó frente al invasor. Su nombre era Antonio “el Gaucho” Rivero. No era militar.No tenía uniforme.No tenía rango ni medallas.Era un hombre de campo, un criollo, un trabajador

Mucho antes de la guerra de 1982, mucho antes de que Malvinas volviera a sangrar en la memoria argentina, ya había un hombre del pueblo que se plantó frente al invasor.

Su nombre era Antonio “el Gaucho” Rivero.

No era militar.
No tenía uniforme.
No tenía rango ni medallas.
Era un hombre de campo, un criollo, un trabajador humilde de nuestra tierra.
Uno de esos argentinos nacidos en el barro, en el sacrificio, en la dignidad silenciosa del pueblo.

Rivero llegó a las Islas Malvinas cuando todavía eran parte viva de la soberanía argentina.
Allí trabajó como peón rural, como tantos gauchos que fueron llevados para poblar, cuidar y hacer producir esa tierra austral.

Pero en 1833, cuando los británicos usurparon nuestras islas, Rivero no agachó la cabeza.
No aceptó la humillación.
No se resignó al silencio.
Y junto a otros criollos, decidió resistir.

Con coraje, con bronca, con amor por la tierra, se rebeló contra la ocupación inglesa.
Fue, quizás, uno de los primeros argentinos en decir con hechos lo que hoy seguimos gritando con el alma:

Las Malvinas fueron, son y serán argentinas.

La historia oficial muchas veces quiso dejarlo en un rincón.
Pero el pueblo no olvida a sus rebeldes.
No olvida a quienes, aun sin poder, sin armas y sin gloria prometida, eligieron pelear por la patria.

Porque Rivero no luchó por fama.
Luchó por dignidad.
Luchó por lo que sentía suyo.
Luchó por una bandera que todavía no estaba clavada en todos los discursos, pero sí en el corazón de los argentinos más simples y más valientes.

Hoy, cuando recordamos Malvinas, también hay que recordar que la causa no empezó en 1982.
La causa empezó mucho antes.
Y entre esos primeros patriotas de a caballo, de poncho y coraje, estaba él.

Antonio Rivero.
Un gaucho.
Un rebelde.
Un argentino.
Un símbolo de la resistencia nacional en nuestras Islas Malvinas.

Porque la soberanía también se defiende con memoria.
Y la memoria, cuando es verdadera, también es patria.

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